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ene 15

2015 no tiene rima

2015 no fue un mal año. Tampoco un año increíble, uno de los mejores de mi vida, pero definitivamente fue mejor que los anteriores. Encontré trabajo y eso me ha permitido eliminar una gran preocupación, aunque en su lugar han llegado otras. No todo iba a ser coser y cantar.

Pero dejando a un lado temas personales, y como de lo que en este blog se habla es de obras de ficción por regla reneral, no quiero dejar pasar la oportunidad de hacer memoria y repasar en qué invertí mi tiempo libre en 2015. Muchos blogs lo hacen y quedan muy bien. Y de paso estreno el blog en 2016.

Literatura y cómics

En 2015 mantuve mi ritmo habitual de lectura, con libro y medio por mes más o menos, pero al contrario que en otros años sólo he leído fantasía y ciencia ficción. Ni una mísera novela histórica ha caído.

De entre todo lo leído tengo que destacar mis primeras relecturas de El señor de los anillos (J.R.R. Tolkien), de la que hablé en esta entrada, y de La historia interminable (Michael Ende). No me gusta demasiado volver sobre obras que ya he disfrutado, sin importar lo que me hayan gustado, pero reconozco que esperar quince años para volver a leer El señor de los anillos fue excesivo.

También me decidí a retomar la saga de Geralt de Rivia, que empecé hace unos cuantos años pero no pude seguir. Sobre los libros de Sapkowski estoy escribiendo algo desde hace tiempo, pero no sé si lo llegaré a publicar siquiera. Algo que sí hice aquí con la trilogía La sombra carmesí de R.A. Salvatore. No hay quien me entienda a la hora de escoger temas.

Pasando a la ciencia ficción, leí un par de novelas muy interesantes que luego se vieron empequeñecidas por Dune (Frank Herbert). No sé si seguiré con la saga porque creo que la novela inicial bien podría ser la única, pero lo que disfruté descubriendo el conflicto en Arrakis ya no me lo va a quitar nadie. ¡Muad’dib, Muad’dib!

En cuanto al cómic, además de leer The Star Wars (J. W. Rinzler y Mike Mayhew) y el primer número de Predicador (Garth Ennis y Steve Dillon), 2015 fue el año en que por fin saldé mi cuenta pendiente con Monster (Naoki Urasawa). Fue la última obra que leí, pero antes hice lo propio con Claymore, de Norihiro Yagi, y Death Note, de Takeshi Obata y Tsugumi Ohba. Con ambas obras tenía una relación previa de amor y odio. De Claymore vi un par de capítulos del anime que me parecieron horribles, pero el manga lo disfruté bastante especialmente a nivel de diseños y acción. A Death Note le tenía manía directamente, quizá porque además sufrí un par de spoilers que me quitaron las ganas de darle siquiera una oportunidad.

Anime

El año pasado vi menos anime de temporada de lo habitual, aunque hubo series tan destacables como el anime de la tercera parte de JoJo Bizarre Adventures, Stardust Crusaders, o la genial Soukyuu no Fafner Exodus. Ahora bien, aunque vi poco anime “nuevo” (no más de doce series), creo que compensé metiéndome entre pecho y espalda los 148 episodios del último anime de Hunter x Hunter, obra de Madhouse.

Cine y TV

Mi año cinematográfico estuvo marcado por Mad Max: Fury Road, Ex Machina y… ¿a que no lo adivináis? Efectivamente, Star Wars Episodio VII: El despertar de la fuerza. Si ya la habéis visto (sí, a estas alturas queda gente rezagada) os recomiendo encarecidamente los podcast que le dedicaron en La órbita de Endor.

También vi películas menos recientes, como la estupenda Pérdida o Whiplash, de la que estoy escribiendo algo. Y no puedo olvidar que acabé el año durmiéndome Solomon Kane. Mi novia me contó el final.

En las series de televisión, tuve caras y cruces. Las primeras fueron Marvel’s Daredevil y El ministerio del tiempo (cuyas segundas temporadas cada vez están más cerca), Unbreakable Kimmy Schmidt y la primera temporada de Peaky Blinders. En cuanto a las cruces, debo citar la tercera temporada de Vikings, que todavía no he terminado (me da un palo terrible), y la segunda de True Detective, que aun con sus cosas buenas bajó demasiado el listón frente a la primera.

Videojuegos

En 2015 jugué menos de lo que hubiera querido. Sin embargo, cuando encontré trabajo me relajé, gracias a lo cual la cosa mejoró en la segunda mirad del año.

En verano terminé de saldar mi cuenta pendiente con The legend of Zelda: A Link to the past, con vistas a jugar A Link between worlds en un futuro cercano; disfruté con Batman Arkham Asylum, tal y como os conté en esta entrada; y tuve mi dosis de rol japonés con Star Ocean: Till the end of time.

Terminada la época estival decidí enfrentarme al reto de Dark Souls. Aunque todavía no lo he completado, sí puedo decir que llevo la mitad aproximadamente y me está gustando (pocos juegos te hacen sentir tan realizado cuando cumples un objetivo). Posteriormente comencé a rejugar The legend of heroes: Trails in the sky con el objetivo de tener la historia fresca para su secuela, Second Chapter. Antes de terminar el año probé GTAIV, OlliOlli y Papers, Please. Y ya se me olvidaba que me pasé casi de una sentada el curioso Tearaway.

Rol y juegos de mesa

Últimamente he jugado poco al rol por dos motivos. El primero fue que antes de empezar a trabajar me planteé seriamente el volver a salir del país, así que preferí no comprometerme con mi grupo de juego. Y la segunda, todavía válida, es que mi horario laboral es bastante incompatible con el de la gente de mi grupo, especialmente con el del amigo que suele dirigir las partidas.

Así con todo, en 2015 pude jugar varias sesiones de una crónica de Vampiro Edad Oscura ambientada en la Segunda Cruzada y todavía por terminar. También tuve mi primera experiencia con el rol lovecraftiano gracias a una breve campaña de Cultos innombrables, un juego español en el que los jugadores se ponen en la piel de sectarios (o cultistas, como prefiráis). Nada de parar las ambiciones de los Primigenios y sus seguidores, sino todo lo contrario.

Y aunque no los he jugado todavía, un amigo del colegio me regaló su ejemplar de la segunda edición del juego de El señor de los anillos (MERP) y participé en el mecenazgo de Ryuutama, del que tengo que hablaros en algún momento.

Para compensar la escasez de rol, en 2015 probé varios juegos de mesa: Firefly, El símbolo arcano, Eldritch horror, Arkham Horror, Munchkin Quest y Leyendas de Andor. Es posible que me haya dejado alguno en el tintero. 2016 ha empezado fuerte, sobre todo si tengo en cuenta que me regalaron el juego de Battlestar Galactica para mi cumpleaños.

El rol no está desterrado de mi grupo, ni mucho menos, pero al César lo que es del César: un juego de mesa requiere menos preparación y tiempo, justo lo que no tenemos, y por eso nos cunde más.


Y para terminar, una reflexión sobre el blog. Escogí tanto el dominio como el título siendo plenamente consciente de lo que quería, pero ahora pienso que me equivoqué. Es pretencioso, como si yo fuera una voz autorizada de los temas que trato. No sé si cambiarlo o directamente echarlo abajo, pero supongo que el tiempo me dirá qué hacer.

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